martes, 26 de marzo de 2013

Cuestión de supervivencia


Reproduzco la "Tribuna" que ABC ha tenido a bien publicarme en el día 26 de marzo. 


Ninguno de las grandes logros de la Humanidad fueron fruto de un hombre solo; todos lo fueron de empresas colectivas: Grecia, Roma, los avences médicos, la conquista del espacio, la democracia, el Descubrimiento, la Revolución Industrial o Científica. Incluso Einstein tuvo maestros y se sirvió de libros escritos por otros.
La colaboración entre los hombres, la suma, ha sido y sigue siendo la fórmula universal del éxito. En todos los órdenes de la vida. Desde lo deportivo hasta lo empresarial. La asistencia mutua, la contribución desde la pluralidad, las sinergias, las aportaciones desde diferentes perspectivas; todo genera un resultado mucho mayor que la simple suma de sus partes. Se trata de la renuncia magnánima de los intereses particulares en favor del interés general. No otra cosa es una nación.

Y es por eso que la voluntad de algunos reyezuelos autonómicos de separar a su región de la matriz española se antoja de todo punto inconcebible. Renunciar al acervo cultural común que compartimos todos los españoles y que supone sentir como propios la Torre de Hércules, La Alhambra, El Sardinero, Las Ramblas, la cocina vasca, la lengua española o El Quijote, desafía, ya no a la historia o los lazos y afectos mutuos, también el más elemental sentido común.
Una Cataluña escindida de España supondría una abrupta alteración en todo los órdenes. Para el todo y, aún más, para la parte.
Muchos de los genios creativos que España ha ofrecido al mundo nacieron en Cataluña. El Principado constituyó siempre un lugar de vanguardia cultural, económica y empresarial que despertó la admiración del resto de España, y acogió con generosidad a otros compatriotas que llegaron allí con la ilusión de empezar una nueva vida. Cualquier español vería con pesadumbre cómo una tierra que siempre sintió como propia, pasaría a convertirse en un lugar ajeno, extraño. Y la misma cosa, en una dimensión colosal, sería privar a los catalanes de España. Un drama recíproco que algunos, en su locura, ya creen estar acariciando.

Para llegar a esto se ha tenido que sembrar previamente la semilla de la discordia. Y la semilla ha germinado. El nacionalismo catalán ha hecho bien su trabajo. Una labor metódica, por fases, sin las estridencias del nacionalismo vasco, que en Barcelona siempre juzgaron contraproducentes. Una calculada operación de ingeniería social, reconocida por la propia CIU en aquél documento de 1990 en el que proyectaba la “infiltración nacionalista en todos los ámbitos sociales” como herramienta para alcanzar el ansiado objetivo final. Nada nuevo. Prat de la Riba, el ideólogo de todo esto, trazó el camino a seguir hace más de un siglo: “Tanto como exaltamos lo nuestro, rebajamos y menospreciamos todo lo castellano (español), a tuertas y a derechas, sin medida”. Y eso han hecho. Con notable éxito. Y con el beneplácito, cuando no la colaboración suicida, del propio Estado. Una estrategia que ha pivotado sobre tres ejes: narcisismo, victimismo y aversión al resto de España. Deleznable pero exitoso. Ahí están los hechos. Y ya con la tierra suficientemente empapada de rencor, es el momento de encarar la última y definitiva fase del plan.

ABC, 26 de marzo de 2013
Desde la Fundación para la Defensa de la Nación Española, DENAES, tenemos la absoluta seguridad que el proceso de fraccionamiento es reversible. Hará falta coraje político y una férrea voluntad de cambio de modelo. Habrán de tomarse medidas drásticas. Todas las que no se tomaron antes. La primera de ellas, dotar al Estado de la consistencia y viabilidad de las que ahora carece. El Estado Autonómico se ha convertido en el Estado del bienestar de los partidos políticos, no de los españoles. Es inviable y la crisis económica ha destapado definitivamente todas sus carencias. La llamada partitocracia ha colonizado haste el último estamento, justicia incluída, al punto de instalarse en un estado de corrupción sistémica y transversal, insoportable para el ciudadano, que empieza a mostrarse escéptico del actual modelo en su conjunto.
Es una necesidad imperiosa ahondar en el proyecto común de España, dotar al Estado de una coherencia acorde con la historia, la cultura y los afectos comunes entre los españoles. Las reformas que hoy necesita España no son sólo las orientadas a lo económico, ésas son sólo algunas, y ni siquiera las más importantes. Es necesario recuperar para el conjunto las competencias en Educación, Justicia, Protección Civil,  Interior y Medio Ambiente.
Cada vez son más los españoles que reclaman, por una cuestión de estricta supervivencia nacional, una gran reforma constitucional llevada a cabo por los dos grandes partidos que sólo será posible a través de un ejercicio de patriotismo que dé prioridad al interés general por encima del interés particular, incluído el de los partidos, y siente las bases de la refundación del propio sistema. La reforma irremediablemente se hará; así lo exige la desesperada sociedad civil española. Nos conviene a todos que esta se produzca con la anunencia y colaboración de los grandes partidos políticos. 

Rafael Núñez HuescaResponsable de Comunicación de Fundación DENAES

martes, 12 de febrero de 2013

Disculpas pendientes


(Reproduzco a continuación el artículo que escribí para el diario Ciudad de Alcoy a raíz de una noticia aparecida en este mismo diario) 


El Bloc pide una disculpa a Italia”, rezaba la noticia de este diario nuestro el pasado 2 de febrero. En concreto, el Bloc Nacionalista Valencià solicita “una disculpa al Gobierno de Italia por los bombardeos sobre Alcoy (…) durante la Guerra Civil Española”. Iniciativa que responde a una histórica demanda de la sociedad alcoyana y que, sin duda, merece tramitarse de manera urgente y con carácter prioritario. Durante los últimos 75 años –que son los que llevan los spaghetti sin disculparse- la ciudad se ha movido entre el asombro y la indignación para con los gobernantes de la República de Italia, incapaces de pedir perdón por lo que hicieron los padres de sus padres durante los años treinta del siglo pasado.

El fascista Iulius Caesar,
al que aún no hemos perdonado
Si finalmente los amigos del Bloc Nacionalista, en su particular cruzada contra las injusticias universales, consiguieran arrancarle unas disculpas a esos burócratas de Roma, además de reconciliarse con el Lambrusco, podrían dedicar su esfuerzos a desatascar otros conflictos históricos. Por ejemplo, y al objeto de aprovechar la misma valija diplomática, exigir disculpas por la invasión de la Península Ibérica por parte de las huestes fascistas de Julio César y los suyos el 218 antes de Cristo. Mas no fueron los únicos. Las actuales Alemania y Polonia, origen del pueblo vándalo que invadió Hispania en el 409 después de Cristo, tampoco han pedido disculpas (aunque pensándolo mejor, quizá no sea el mejor momentos para hablar estas cosas con la Merkel, tan insensible con nuestros asuntos). Los suevos, otro de esos pueblos maleducados que entran sin llamar, eran originarios de la costa del Báltico. Que nos pidan perdón estos ya va a ser más complicado: habrían de ponerse de acuerdo suecos, finlandeses, rusos, estonios, letonios, lituanos, polacos, alemanes y daneses. Un lío, sí, pero si la justicia no entiende de fechas, tampoco de fronteras.
Y como parece que no había más países que invadir, en el 711 nos vuelven a conquistar, esta vez por el sur. Los moros. El Califato Omeya concretamente, con cuna en La Meca, actual Arabia Saudita. Luego a estos los reconquistamos nosotros, con lo que no queda muy claro quién tiene que pedir perdón a quién; una cosa es segura: alguien tiene que pedir perdón a alguien. Esto funciona así.
Los franchutes nos toman el pelo en 1807 pidiéndonos permiso para entrar un momento a invadir Portugal y volverse. Pero, para variar, se quedan. Otra guerra. Ni rastro de disculpas. Lo de siempre.

Una vez reparado el honor y completado el tour internacional del desagravio, entonces sí, los amigos del Bloc podrán dedicarse a asuntos menos relevantes, secundarios en estos momentos para la sociedad alcoyana, como el paro, la economía y demás nimiedades. 

Diario Ciudad de Alcoy
domingo 10 de febrero de 2013

lunes, 22 de octubre de 2012

“Catalunya dice basta”


La televisión pública catalana puso el pasado día once de septiembre sus ocho canales (Tv3, 33, 324, Sport3, Canalsuper3, Canal3XL, Tv3hd y tv3cat) a dispoción de la causa de la llibertat.
Desde varios días antes, el aparato propagandístico (2.100 trabajadores, más que Telecinco y Antena 3 juntas) ya funcionaba a toda máquina dedicando el grueso de la parrilla a la marxa per la independència. Las transmisiones incluían información sobre líneas de metro, autobuses y lugares apropiados para el estacionamiento. No se fuera a perder nadie.

Catalunya Ràdio, la ràdio nacional de Catalunya (en la Cataluña secuestrada por el nacionalismo todo es nacional, sean museos, orquestas, archivos, teatros o bibliotecas), participó igualmente de la estrategia consagrando la mayor parte de su programación a recordar al personal la llamada de la patria. Y lo mismo los medios concertados. El más concertado de todos (5,5 millones de euros en 2011), La Vanguardia, titulaba a cinco columnas: “Catalunya dice basta”… ¿Pero basta de qué?

Una reportera se dedicó a preguntar a los asistentes por los motivos que les llevaban allí. Pulsar la opinión de la calle, que se dice ahora. Y estos fueron algunos de los testimonios:

"España nos ha maltratado psicológica, cultural y económicamente durante 300 años”. (María Teresa Espelt)

"¡Nos merecemos otro trato!". (Joan Carles Caballero)

"Ya está bien de ser, como dicen ellos, cornudos y apaleados y encima ser atacados continuamente". (Cristina Mateu)

"(…) España está asfixiando a Cataluña y al final tienes ganas de salir y reivindicar lo que es tuyo". (Esther Valenzuela)

"Quiero independencia. Estoy cabreada con España". (Andrea Nieto)

Uno de los asistentes, el otrora hombre de Estado y Español del año Jordi Pujol, un señor que en Cataluña tiene carácter totémico, se expresaba en los mismos términos: el actual proceso soberanista constituye una “muestra de rechazo al trato” que España depara a Cataluña.
Además de las consabidas estelades y demás ritual identitario, la Marcha sobre Barcelona (que con tal nombre se promocionó, vaya usted a saber por qué) estuvo cuajada de mensajes del tipo: “No al expolio fiscal”, “Basta de genocidio cultural”, “España nos roba”, “Queremos libertad” y otras consignas del estilo.

Los turistas, atónitos, no daban abasto con las fotos. Preguntaban y se escandalizaban – Oh my God, unbelievable!- con las respuestas que obtenían. Es indignante que en Europa y en pleno siglo XXI aún haya pueblos sometidos a semejante colección de abusos, tropelías y humillaciones. Algo así debieron pensar.

Llegados a este punto, vale la pena repasar algunas de las vejaciones a las que son sometidos los nacionalistas por parte del tiránico gobierno de España.
Verbigracia la misma organización territorial del Estado –ahí es nada-, un traje a medida de nacionalistas vascos y catalanes al objeto de dar satisfacción, de una vez por todas, a sus exigencias de autogobierno.
Una estructura administrativa inédita en el derecho internacional y cuyo nivel de descentralización hace tiempo que superó al de cualquier modelo federal conocido.

Veamos. Se acuerda un Estatut d’Autonomia con toda la dotación necesaria para desarrollar un autogobierno quasi ilimitado: Parlamento, Presidente, consejerías, toda suerte de altos cargos, designación libre de miles de nuevos funcionarios, creación de todo tipo de empresas e instituciones públicas, un Defensor del Pueblo –Síndic de Greugues- alternativo al común, radios y televisiones propias, e incluso un Servei Meteorològic de Catalunya, sin duda imprescindible para distinguir las isobaras catalanas de las del resto de España.

Más. Se traspasa Sanidad y todo el Sistema Educativo. Y Justicia. Y los Mossos d’Esquadra. Y la Inmigración. Y Empleo. Y Tráfico. Y una representación internacional de 54 embajadas. Y los Institutos Demoscópicos. Y los trenes de Cercanías. Y un derecho civil particular y difernciado. Y una programación distinta y en catalán de TVE. Y una emisora de RNE –Ràdio 4- dedicada únicamente a dar servicio al Principado. Y Agricultura. Y Cajas de Ahorros. Y medio ambiente. Y comercio. Y capacidad para desarrollar legislación propia. Y los impuestos sobre grandes superficies. Y los medioambientales. Y de Sucesión. Y de transmisiones patrimoniales. Y de ventas de hidrocarburos. Y el 50% del IRPF. Y el 50% del IVA. Y el 58% del impuesto especial de fabricación. Y el 100% de la mayoría de impuestos especiales. Y la totalidad de impuestos sobre la electricidad. Y la promoción de los símbolos de identidad propios. Y la protección, impulso y difusión de la lengua catalana. En la administración, en los medios de comunicación, en los parlamentos, en las escuelas, en la industria editorial, en la cinematográfica y en la red. Jamás tuvo la lengua catalana semejante nivel de reconocimiento y promoción. Nunca antes símbolos y particularidades culturales recibieron semejante impulso institucional.

¿Basta de qué, pues? Basta de mentiras, basta de envenenar a unos españoles contra otros, basta de adoctrinamiento, basta de levantar fronteras, basta de ingeniería social, basta de victimismo sobreactuado, basta de reinventar la Historia, basta de chantajes y basta de promover falsos agravios como táctica de poder.
En definitiva, basta de nacionalismo.


Rafael Núñez Huesca
Periodista – Fundación DENAES